El servicio de pastoral de la Iglesia durante el Levantamiento de Varsovia

          El 1 de septiembre de 1939 el ejército alemán de Hitler cruzó sin avisar las fronteras de la República Polaca. El 17 de septiembre se les unió un nuevo agresor – la Rusia Soviética. A pesar de su heroica defensa el Ejército Polaco no fue capaz de oponerse al enemigo. Semanas después Polonia era ocupada por ejércitos enemigos.
          El gobierno polaco para evitar la rendición, cruzó la frontera de Polonia con Rumania para continuar su actividad en el exilio. Una gran parte del ejército fue hecha prisionera; otra parte al igual que los poderes civiles, también dejó el país para continuar desde el extranjero la lucha contra los alemanes.
          En el país, ya en otoño de 1939, comenzó la actividad del Estado polaco clandestino. Los oficiales polacos que se quedaron en el país y no fueron hechos prisioneros comenzaron a organiar la fuerzas armadas de conspiración que constituirían el brazo armado de la resistencia clandestina polaca. Tal y como siempre había ocurrido en la historia de las fuerzas armadas polacas, también se puso a sus órdenes el servicio de pastoral del ejército.
          El obispo de campaña del Ejército Polaco, el padre Józef Gawlina, al abandonar Varsovia nombró el 8 de septiembre de 1939 al sacerdote mayor Stefan Kowalczyk capellán de la Legión Académica 36, vicario general de Polonia. De esta manera se conservó la continuidad del poder espiritual en el ejército en el terreno de Polonia.
          A mediados de 1941 el Comandante General del Ejército Polaco (AK) general Stefan Rowecki "Grot", nombró capellán superior de AK al sacerdote coronel Tadeusz Joachimowski llamado "Budwicz". Esta decisión fue confirmada por el obispo J. Gawlina que lo nombró Capellán General de las Fuerzas Armadas en el país.


El padre Tadeusz Joachimowski "Budwicz" coronel del Ejército Polaco

          El nombramiento fue aceptado en 1943 por el Mando General del general Władysław Sikorski. De este modo quedó formalizada la situación de la pastoral en la conspiración. Se produjo entonces la reconstrucción y unificación de los servicios de pastoral del ejército clandestino. El territorio dentro de las fronteras quedó dividido en seis zonas asignando a cada una de ellas un decano. Las zonas se dividieron en sectores correspondientes a sbusectores dirigidos por su decano correspondiente, y éstas a su vez en distritos.
          El coronel padre T. Joachimowski adoptó el nombre en clave de "Nakasz" (Capellán General de las Fuerzas Armadas). Fijó la sede de la Curia de Campaña en el hospital de San Roque de la calle Krakowskie Przedmieście de Varsovia. Las actas de la curia fueron empedradas en un edificio de la calle Koszykowa 78 (cerca de donde se halla actualmente el hospital MON), donde ardieron durante el levantamiento. La Curia Secreta de Campaña del Ejército Polaco (AK) (llamada también Mando del Servicio de Pastoral) la dirigían:
          - el vicario general WP coronel padre Tadeusz Joachimowski apodado "Budwicz",
          - el primer vice-vicario prelado padre Jerzy Sienkiewicz llamado "Guzenda", "Juraha",
          - el segundo vice-decano, padre Stanisław Małek mayor del ejército llamado "Pilica", decano antes de la guerra del DOK 1 y KOP, antiguo capellán y párroco de la iglesia castrense de Rembertow,
          - el canciller de la curia padre Zbigniew Kamiński llamado "padre Antoni", rector de la iglesia de la universidad de Varsovia de Santa Ana, que realizaba la función de capellán sanitario.
          Del padre "Budwicz" dependía todo el Servicio Pastoral del Ejército Polaco (AK), drigiéndolo a través de los decanos designados para las diferentes zonas de AK. El decano de la zona de Varsovia era el padre "Pilica". Tras separar el sector Varsovia de la zona de Varsovia para hacerlo depender directamente de la Comandancia General del Ejército Polaco (AK), el cargo de decano del sector lo desempeñó el mayor teniente coronel padre Stefan Kowalczyk apodado "Biblia", "Vikagen".


Sello de la Jefatura de Pastoral de la Comandancia del sector de Varsovia del Ejército Polaco-AK

          Teniendo en cuenta la distancia y el gran número de secciones de AK del sector de Varsovia, este fue dividido en cuatro subsectores (vicedecanatos) en el marco del derecho de división de la pastoral:
          - Varsovia Sur (al sur de la avenida de Jerusalen) – con su vicedecano el padre Stanisław Piotrowski apodado "Jan I ",subdecano el padre "Biblia",
          - Varsovia Norte (al norte de la avenida de Jerusalem) – vicedecano el capellán padre Jan Salamuch "Jan"; de la iglesia de Santiago de la plaza de Narutowicz, adjunto del Departamento de Teología de la Universidad (UJ);
          - Varsovia Praga – vicedecano el padre Jan Kitliński "Szczepan";
          - Varsovia provincia – vicedecano el padre Leon Pawlin, director de la Casa Católica "Roma" de la calle Nowogrodzka.
          De los vicedecanos dependían los capellanes de los distintos distritos cuya estructura era similar a la de los capellanes de los pelotones:
          - Distrito I Centro – Decano el capellán padre Jan Wojciechowski llamado "Korab";
          - Distrito II Żoliborz – decano el capellán padre Zygmunt Truszyński apodado "Alkazar";
          - Distrito III Wola – decano el capellán decano llamado "Struś";
          - Distrito IV Ochota – decano el capellán padre Jan Salamuch cuyo seudónimo era "Jan";
          - Distrito V Mokotów – decano el capellán padre Mieczysław Mielecki apodado "Mietek";
          - Distrito VI Praga – decano el capellán padre Jan Kitliński apodado "Szczepan";
          - Distrito VII Varsovia Provincia – decano el capellán padre León Pawlin y el capellán padre Mieczysław Paszkiewicz apodado "Ignacy".
          Los distritos se dividían a su vez en subdistritos de los que se encargaba el capellán correspondiente. Había también otros capellanes, los llamados capellanes sanitarios (destinados al trabajo de pastoral en los futuros hospitales).
          En determinados subdistritos del Distrito VII ("Obroży") los decanos fueron:
          - subdistrito 1 Legionowo – capellán padre Wacław Szelenbaum llamado "Bonus",
          - subdistrito 2 Marki – capellán padre Andrzej Płoszan apodado Antoni Wisz,
          - subdistrito 3 Rembertów – capellán padre Stanisław Skrzeszewski,
          - subdistrito 4 Otwock– capellán padre Jan Raczkowski,
          - subdistrito 5 Piaseczno – capellán padre Jan Zając llamado "Robak",
          - subdistrito 6 Pruszków – capellán padre Wacław Herr,
          - sbudistrito 7 Ożarów – capellán paddre Alfons Pellowski y capellán Madej,
          - subdistrito 8 Łomianki – capellán padre Jerzy Baszkiewicz llamado "Radwan".
          Esta estructura del servicio secreto de la pastoral militar se mantuvo hasta el Levantamiento. El padre "Budwicz" convocó reuniones secretas de los sacerdotes decanos y capellanes en el edificio situado en la plaza Mirowski 18, en la calle Długa en la sede de los padres Palotinos y en su propio piso de la calle Hoża.
          No todos los subdistritos "Obroża" participaron en el Levantamiento. Por esta rzón el servicio de pastoral no fue movilizado a la lucha en el campo de batalla. La lucha en los diferentes subdistritos que en ella participaron fue diversa y diverso fue por ello el papel de los capellanes de la pastoral en cada uno de ellos. El terreno de más intensa actividad fue en el distrito VII "Obroży" el sudistrito 8 de Łomianki (en el bosque de Kampinos).

          Los sacerdotes capellanes llevaron a cabo una actividad de conspiración tanto en las secciones de conspiración de la ciudad como en los grupos de diversión y en las secciones de guerrilleros de los bosques. Se presentó la cuestión del equipamiento de los ya numerosos capellanes de los necesarios instrumentos litúrgicos tales como, albas, estolas, misales etc. El capitán padre Wacław Karłowicz apodado "Andrzej Bobola" consiguió con ayuda de los trabajadores de la Fábrica de tejidos de Varsovia de la calle Bema, varios metros de las telas adecuadas en blanco y negro de las que las monjas cosieron rapidamente unos cien ornamentos, albas, estolas, casullas, etc. Fueron almacenados en la sala capitular de la archicatedral de San Juan en la Ciudad Vieja.
          Los empleados de la imprenta privada de la calle Skierniewicka realizaron, en secreto y gratuitamente, los más de cien misales de formato militar necesarios para la labor de los sacerdotes capellanes en el campo de batalla. En otro taller el padre "Andrzejowi" se las arregló para conseguir que hicieran pequeños crucifijos para los altares de campo. Por este trabajo el padre "Andrzej" fue condecorado con la Cruz de Plata al Mérito.
          El Vicario general coronel padre "Budwicz" escribió un breviario para los soldados de AK titulado: Al sericio de Cristo y de la Patria, que contenía la Oración antes de la batalla:
          ",A tí acudo, Dios mío, en este momento quizás el último de mi peregrinación terrena. Voy a la batalla en defensa de la fe y de la Patria. Deseo cumplir mi deber lo mejor posible.
          Dame Dios mío la fuerza necesaria, voluntad y virilidad,para que lleve a cabo las órdenes de mis superiores y no manche el honor del soldado polaco.
          Si cayera en el campo de batalla, creo en que me acogerás en tu seno porque sempre ansié ser tu soldado en defensa del hogar, de la tierra amada por la que lucho.
          Y si vencer en la batalla me permitieras, no buscaré la propia gloria. No a mí sino a tu nombre se debe la gloria por los siglos de los siglos. Dios mío – protege a tus soldados.
          Angel de la guardia, no me abandones.
          Amen".


          En los años de entreguerras, en comparación con otras ciudades de Polonia, Varsovia no era una ciudad muy religiosa. Al igual que en otras grandes aglomeraciones europeas, gran parte de la élite intelectual estaba más interesada en las nuevas corrientes del pensamiento a la vez que muchos miembros de las clases trabajadoras simpatizaban con tendencias izquierdistas.
          Esta situación cambió con el estallido de la guerra. Duratne la ocupación, debido a la angustia producida por la caída del Estado y la continua amenaza de muerte, miles de varsovianos volvieron regularmente a sus prácticas religiosas, buscando consuelo y esperanza en la oración.
          En los primeros años de la ocupación se creó la costumbre de hacer en las casas pequeñas capillas y altares. Este fenómeno se generalizó especialmente en la primavera de 1943 y constituyó una especie de reacción a la creciente ola de terror y los trágicos acontecimientos históricos (Katyń – el asunto fue revelado el 13 de abril de 1943 por los medios de comunicación alemanes-, el levantamiento en el getto de Varsovia, la muerte del general Władysław Sikorski el 4 de julio de 1943).
          La costumbre de las capillitas caseras se difundió en apenas unos meses por todos los barrios de Varsovia. La capillitas y altares caseros se convirtieron en una costumbre tipicamente polaca. Se realizaban gracias a los donativos libremente dados por los habitantes de un determinado edificio. El aspecto dependía del tamaño de la casa, la riqueza y la invención de los vecinos. Las había pequeñas, de madera, casetas de metal colgadas en las paredes de las casas, sobre una especie de ruedas o algunas más ostentosas ocupando un lugar principal en el centro de los patios. La bendición de la nueva capilla constituía una ocasión de reunión para toda la comunidad de vecinos.


capilla en un patio de una de las casas de vecindad de Varsovia

          En la vida de los habitantes de Varsovia durante la época de la ocupación estas capillas desempeñaron un papel muy importante. Aparte de ser un lugar de práctica religiosa, tras el toque de queda eran el lugar en el que se renían los vecinos no solo para una oración en común sino también para compartir las últimas noticias, intercambiar opiniones o escuchar los últimos cotilleos. Aparte de la religiosidad de la sociedad causada por las condiciones de vida de la ocupación, manifestaban no solamente la Fe sin también el patriotismo. Constituyeron un símbolo para cada comunidad local en el que participaban todos los estratos sociales. Favorecieron el fortalecimiento de los vínculos entre los vecinos.

          La mañana del 1 de agosto de 1944 la Curia Castrense de AK recibió la orden de Alzamiento. El coronel mayor padre Stefan Kowalczyk "Biblia", decano de la Zona, inició a las 11 horas en la Casa de los Padres Palotinos de la calle Długa, sede de la Curia Episcopal Castrense de antes de la guerra, la preparación con catorce vicedecanos de los distritos de él dependientes. Se dieron las últimas órdenes y encargos, decisiones organizativas para el período de lucha y se realizó una oración comunitaria por la suerte del Levantamiento.
          Los primeros días del Levantamiento fueron trágicos para la Curia castrense de AK. El Capellán General de AK el coronel padre Tadeusz Joachimowski apodado "Budwicz" en el momento de empezar el levantamiento se hallaba en la casa de la calle Elektoralna 47. Esta casa estaba situada en la tierra de nadie entre los emplazamientos de los sublevados y las posiciones alemanas. En esta situación el padre "Budwicz" no podía influir en la actuación del servicio de pastoral que de él dependía del mismo modo que tampoco tuvo ningún contacto con la Comandancia General de AK ni con la Comandancia de la zona de Varsovia de AK. A pesar de las noticias sobre el avance de los alemanes, no se retiró del territorio ocupado por los sublevados y el 7 de agosto cayó junto a la población civil en manos del enemigo. Los alemanes lo incorporaron al grupo de hombres que se dirigía al barrio de Wola. Por la noche un grupo de polacos fue encerrado en la Iglesia de San Adalberto. Por la mañana cuando los alemanes se los llevaban, uno de los alemanes al ver en el grupo a un sacerdote, lo sacó de las filas y lo mató de un tiro de su pistola.
          El 8 de agosto cayó en manos de los alemanes el prelado coronel padre Jerzy Sienkiewicz apodado "Guzenda", que se hallaba entonces en su domicilio de la calle Leszno, también aislado y sin contacto con el mando. Por suerte no corrió el mismo destino que su superior. Junto a la población civil de Varsovia fue dirigido al campo provisional de Pruszkow. Tras algunas peripecias consiguió escapar y llegar a Cracovia.
          El segundo sustituto, el mayor padre Stanisław Małek, apodado "Pilica" , se hallaba durante el Levantamiento en el barrio de Praga, por lo que no tuvo ninguna ocasión de dirigir la pastoral del Levantamiento.
          En esta situación la Curia de Campaña practicamente no tuvo una mando propio tras el estallido del Levantamiento.
          El capellán mayor según el rango era el coronel mayor padre Stefan Kowalczyk "Biblia", decano de la zona de Varsovia. Tomó la tarea de organizar la estructura del servicio de pastoral, creando en la Comandancia de la Zona de Varsovia de AK el centro de informes de la Patoral Militar. Cumpliendo la función de Capellán General del Levantamiento de Varsovia, el coronel padre "Biblia" a mediadios de agosto con la ayuda de la guía Teresa Wilska, recorrió los canales de la Ciudad Vieja para visitar a los capellanes de dicha zona.


El coronel padre Kowalczyk "Biblia"

          La organización de la estructura de la pastoral en el momento del estadllido del Levantamiento estuvo dificultada debido a que parte de los sacerdotes quedaron aislados en lugares muy distanciados del Punto de movilización. La mayoría de los capellanes del territorio de la Ciudad no recibía las órdenes a tiempo de presentarse a la hora “X” en los lugares señalados. Los planes de actuación tenían que ser improvisados.
          Toda la responsabilidad del trabajo de pastoral cayó en manos de los capellanes y de los sacerdotes de las parroquias. Dependiendo de los barrios y zonas de lucha este trabajo de pastoral fue diverso, no obstante en el momento de poder contar con la presencia del capellán entre los sublevados en la primera línea del frente, todos fueron iguales.
          Aparte de los citados capellanes los batallones y grupos de sublevados tenían también sus propios capellanes. Los capellanes se encargaban también de los hospitales de los sublevados.

          En el bosque de Kampinos en el que luchaba la división 8 de la zona VII "Obroża", el servicio de pastoral durante el periodo de conspiración y durante el periodo del Levantamiento, lo dirigió el capellán Jerzy Baszkiewicz "Radwan I". Le asistía entre otros el padre Stefan Wyszyński "Radwan III", entonces capellán del hospital de campaña del Grupo "Kampinos" en el Centro para Invidentes de Laskach, quien se convertiría años después en “el cardenal del Milenio”.
          El trabajo aquí era un poco más segugo ya que no había bombardeos diariamente, pero la extensión del terreno a cubrir obligaba a los capellanes caminatas de varios kilómetros con los objetos sacramentales para cumplir su función. Visitaban también a las unidades más alejadas en el campo de batalla. Más de una vez se hallaron envueltos en la batalla. Las divisiones que se dirigían a las misiones más peligrosas recibían la penitencia general in articulo mortis.
          Los domingos y fiestas de guardar en la plaza de Wiersze se celebraban misas de campaña a las que asistían los miembros de la guerrilla y los habitantes de la zona que en gran número se confesaban y comulgaban, se casaban o bautizaban a sus hijos.


Misa de campaña en Wiersze

          Los capellanes que ejercieron la pastoral en la Varsovia en lucha tenían numerosas obligaciones: solemnizar los juramentos de los soldados mozilizados para la lucha por el Levantamiento, bendecir los estandartes de las divisiones, celebrar servicios religiosos por la Patria en los lugares de congregación de alarma y durante los festivos nacionales, repartir medallas de la Virgen de Czestochowa...
          Entre sus obligaciones estaba la de celebrar la Santa misa (a reces hasta tres diarias), confesar, repartir la comunión, dar la extrema unción a los heridos Graves y a los agonizantes, abosolver in articulo mortis, enterrar a los caídos y fallecidos, rellenar las actas de fallecimiento, asegurar los depósitos dejados por los muertos y caídos, así como celebrar los matrimonios de los soldados sublevados, e incluso el cuidadto de los heridos entre otras cosas.
          Los capellanes de la pastoral tomaron parte en los trabajos de la Comandancia de AK como contactos, reporteros de prensa e incluso en trabajos de organización y táctica. Las condiciones de lucha de los sublevados junto a la existencia de una población civil en situaciones traumáticas, exigían de los capellanes una dedicación especial y su papel adquiría un significado excepcional. En etapas posteriores de la lucha, cuando las divisiones de los sublevados se retiraron o se evacuaron a través de los canales, los capellanes se quedaron con los heridos y con la población civil compartiendo su suerte.
          Aparte de los servicios espirituales, los sacerdotes también se ocuparon de oner a salvo las reliquias de las Iglesias en llamas para llevar a lugar seguro los tesoros de la iglesia, como entre otros en el caso del traslado de los restos de San Andrés de Boboli de la iglesia de San Jacinto de los padres Jesuitas a la iglesia de San Jacinto de la calle Freta, o el traslado desde la catedral de un crucifijo del siglo XIV hecho en Nuremberg.
          El comandante de la zona de Varsovia de AK y jefe en mando del Levantamiento de Varsovia general Antoni Chruściel "Monter", el 11 de agosto publicó la Orden de la Pastoral (orden número 14) referente a la realización en todas las divisiones de las mismas oraciones matinales y vespertinas, la celebración,allí donde las condiciones lo permitieran, de las misas dominicales para el ejército, las confesiones y comuniones, el entierro de los caídos y fallecidos (esta obligación recayó en los capellanes o en los jefes de las divisiones), la redacción de actas de defunción (obligación de los capellanes, de los jefes o de las cancillerías de los hospitales así como la aportación de datos sobre la actividad realizada a las parroquias militares o al jefe de la pastoral de la Comandancia de la Zona), asegurar las pertenencias dejadas por los fallecidos para entregarlas a los jefes de la pastoral KO, llevar el registro de las tumbas, los empadronamientos, de las acciones de la pastoral en la línea de frente, en los puntos sanitarios y en los hospitales de campaña. En la orden siguiente (número 19) el general Chruściel reguló las cuestiones conectadas con la bendición de las uniones matrimoniales entre los miembros pertenecientes al Ejército Polaco AK. La Orden mandaba entre otras cosas obtener el permiso del jefe del servicio de pastoral antes de celebrar el matrimonio.
          Las condiciones de la lucha y de vida en la ciudad causaron que algunas de las obligaciones de los capellanes fueran imposibles de llevar a cabo. Por ejemplo debido a las enormes dificultades de comunicación, el regular envio de informes a los jefes de la pastoral así como Ia entrega de las pertencencias de los muertos y caídos, fue posible solo en el Centro. Del mismo modo las decisiones sobre los matrimonios en la mayoría de los casos tenían que tomarlas los capellanes sin consultar con el coronel padre "Biblia". Con frecuencia no era posible redactar las actas de defunción que requerían entre otras cosas el testimonio de testigos que confirmaran donde y en que condiciones se había producido la muerte.
          Desde el primer día del Levantamiento los capellanes militares celebraron servicios religiosos para los civiles y heridos encontrados en las calles, oficiaron misas para la población y confesaron, organizaron entierros militares y civiles. Los monjes, monjas y personas colaboradoras de las parroquias acudieron con frencuencia en ayuda de los soldados que luchaban, acompañando a los sublevados en la primera línea de la lucha efectuando servicios de pastoral en las divisiones y en los hospitales de campaña, asistiendo en los entierros, guardando las pertenencias dejadas por los caídos en la lucha y efectuando un registro de las tumbas.
          Muchos sacerdotes y monjes realizaron de facto las funciones de los capellanes sin haber recibido oficialmente un nombramiento para ello. En las específicas condiciones del Levantamiento, en que el frente estaba en todas partes, se dio una colaboración muy cercana entre la pastoral parroquial y la militar, aunque cada uno de ellos tuviera su propia estructura organizativa y tareas. La colaboración era tan cercana que en muchos lugares se confundían las actuaciones de ambas pastorales. En el Centro de la ciudad, donde las condiciones de trabajo eran más propicias, parte de los capellanes llevaba a cabo charlas para los soldados. El servicio de pastoral de los capellanes militares, las misas conjuntas para la población y las divisiones de los sublevados, fortalecieron los vínculos entre los habitantes de la capital y el ejército.

          El enorme aumento de la religiosidad durante el Levantamiento hizo que los habitantes de Varsovia necesitaran más que nunca participar de los sacramentos, con lo que aumentaron las obligaciones del clero civil y militar. Algunos sacerdotes celebraban entre 2 y 3 misas diarias y 3 o 4 misas los domingos; a menudo bajo el fuego enemigo, escuchaban confesiones durante horas enteras.


Santa misa en el patio del Teatro "Nowości" en la cale Mokotowska 73

          Posteriormente, cuando muchas Iglesias fueron destruídas y entre los habitantes de Varsovia se entendió la idea de que el enemigo las bombardeaba a propósito, las misas comenzaron a celebrarse en los patios de las casas, en pisos privados ante altares improvisados e imágenes de la Virgen María o en las capillitas de los patios interiores.


Misa celebrada en un piso del barrio de Żoliborz

          A medida que la destrucción de la ciudad avanzaba, los servicios religiosos comenzaron a celebrarse en los sótanos, a los que llamaron catacumbas. Los ornamentos y objetos litúrgicos se cogían prestados de las Iglesias y cuando ello no fue posible se usaron corrientes utensilios de cocina. También de las iglesias obtuvieron los capellanes el vino y las tinajas.
          En la época del Levantamiento una de las funciones más importantes de la pastoral fue la de levantar la moral de la población y del ejército. A este fin sirvieron las fiestas religiosas, nacionales, militares, las conmemoraciones históricas. Un servicio religioso de fiesta se celebró el 6 de agosto por el aniversario de la marcha de la I Compañía Kadrowa. El emotivo acto con un sermón patriótico y el desfile de la compañía de sublevados, causó una gran impresión entre los habitantes de la ciudad Vieja. El 15 de agosto, día del Soldado Polaco y de la Asunción de la Virgen María con recuerdo del "milagro del Vístula", allí donde las condiciones lo permitían se celebraron misas solemnes de campaña con participación del ejército y de la población. En el aniversario del estallido de la guerra durante las misas se rindió homenaje a los caídos en defensa de la Patria.
          El 22 de septiembre con motivo de la reorganización de las divisiones de los sublevados en el Corpus del Ejército Polaco (AK) de Varsovia, el coronel mayor padre Stefan Kowalczyk "Biblia" publicó el "Llamamiento al soldado ". Subrayó en él el valor del juramento, la honra y el honor del soldado que el futuro inseguro pueden poner a prueba.
          De acuerdo con el permiso otorgado por el Papa para cada sacerdote en el frente, cada sacerdote podía celebrar tres misas diarias. En muchas divisiones los sacerdotes capellanes dieron a los soldados antes de la lucha la abosolución comunitaria y la santa comunión.
          Las condiciones extremas de vida durante el Levantamiento de Varsovia causaron el continuo y continuado ahondamiento de las necesidades religiosas y de la vida sacramental tanto entre la población civil como entre los soldados de la Varsovia en lucha.
          Un elemento importante de la vida religiosa de los habitantes de la capital y del ejército durante el Levantamiento de Varsovia fueron los servicios religiosos. En los primeros días del Levantamiento en los barrios liberados los sacerdotes celebraron en las Iglesias misas solemnes para agradecer la libertad recobrada. Por primera vez en varios años, al sonido de los órganos, los fieles cantaron cantos religiosos y patrióticos prohibidos por los invasores. Para miles de creyentes el mero hecho de poder celebrar la Santa misa libremente en cinco años fue un gran acontecimiento, de acuerdo con las tradiciones polacas y los cantos patrióticos.
          En los siguientes días de lucha los sacerdotes se esforzaron en celebrar servicios religiosos en las Iglesias cada día por la mañana y por la noche; de las horas de las misas informaba la prensa de los sublevados y anuncios congados en las calles. Elegían las horas en que los disparos alemanes eran relativamente menores.
          ebido a la gran cantidad de interesados en participar en las misas, los sacerdotes las celebraron a diario y los domingos también fuera de las iglesias: en hospitales, en los patios y en las capillitas de los patios centrales de las casas, en las plazas, en los portales de los edificios, en los sótanos, en pisos privados. Se rezaba con gran recogimiento. Como regla general todos los asitentes a la misa comulgaban. Los servicios religiosos permitían a la gente, al menos por un momento, olvidar la dramática realidad y sentir el consuelo proveniente de la Fe en Dios y de su tutela.
          Con el tiempo y el rápido empeoramiento de las condiciones de vida en el resto de los barrios que se hallaban todavía en manos de los sublevados, las misas empezaron a celebrarse cada vez con más frecuencia en los sótanos de las iglesias y de los edificios de Varosivia. Se daban situaciones en las que para rezar una oración breve o un misterio del rosario, la población se dirigía a un sacerdote hallado al azar en la calle. A los orantes se unían otros fieles formando grupos numerosos que podían atraer la atención del enemigo; por eso el mando de los sublevados apeló a que evitasen este tipo de concentraciones en los barrios más amenazados. Sin embargo la necesidad de la oración fue a veces tan grande, que se dejaban a un lado las precauciones de seguridad. También muchos fieles perecieron en el acto de dirigirse a misa o durante la celebración de las mismas.
          Todos los testimonios de la época subrayan la gran devoción religiosa de los habitantes de Varsovia en esos días trágicos y su búsqueda de los servicios de pastoral. Más de una vez se le pidió confensión al sacerdote que se encontraba casualmente en la calle.


Conversación con un sacerdote en la barricada de la calle Dobra

          El peligro común de perder la vida limó las diferencias ideológicas. La devoción religiosa la mostraron también personas conocidas anteriormente por su actitud indiferente ante la fe. Los sacerdotes católicos también asistieron a los fieles de la religión evangélista. Cuando los capellanes aparecían en los Hospitales de los sublevados, la mayoría de los heridos se confesaba y comulgaba.
          El canto entonado con más frecuencia al finalizar los servicios religiosos era Boże, coś Polskę (Dios mío, ¡Oh Polonia) con su estribillo "Ojczyznę wolną racz nam zwrócić, Panie" (devuélvenos Señor la libertad de nuestra Patria) añadiendo la estrofa: "jedno Twe słowo, wieczny niebios Panie, z prochów nas znowu podnieść będzie zdolne, a gdy zasłużym na Twe ukaranie, obróć nas w prochy, ale prochy wolne" (con una sola palabra, Dios celestial, levántanos de las cenizas, y si mereciéramos tu castigo, conviértenos en cenizas, pero en cenizas libres).
          Los soldados consideraban las cuestiones de la Fe como "delicadas" o incluso como debilidades. En general no hablaban de estas cuestiones en público; solo en pequeños grupos discutían a veces de religión y ética católica. No obstante, cuando en los puestos de los sublevados aparecía un capellán, normalmente todos los soldados se confesaban y comulgaban. Del mismo modo, siempre que las circunstancias lo permitían, se confesaban todas las divisiones antes de partir para la acción.

          Las duras luchas, los bombardeos contínuos y los disparos de la artillería causaron que los entierros estuvieran a la orden del día de la Varsovia sublevada. A medida que avanzaba el estado de destrucción de la ciudad y aumentaban las perdidas cada vez más rápidamente, cambió el carácter de los mismos. En los primeros días del Levantamiento cuando todavía no había tantas víctimas y el servicio de pastoral todavía no había sido organizado, muchas divisiones enterraron a sus caídos en terrenos elegidos al azar cerca del campo de batalla. Contaban con los servicios del sacerdote del lugar. El capellán rezaba, por lo general anotaban los datos de los caídos y del lugar de la sepultura; si el entierro tenía lugar en el terreno de su parroquia, realizaban también la anotación correspondiente en los libros parroquiales.
          Los sacerdotes en función de capellán militar se esforzaron en mantener el orden en cuanto a los enterramientos a fin de facilitar su localización tras el fin del Levantamiento. Enterraban a los caídos detrás del frente, en lugares fijos, por ejemplo en determinadas plazas, patios, cerca de los hospitales etc...


Cementerio en la calle Skorupki

          En las primeras semanas del Levantamiento se usaron ataudes. Posteriormente, para ahorrar, se colocaba a los muertos sobre la tapa o sobre la base del ataud que se cubría con puertas, tablas, etc. Cuando esto también llegó a faltar, envolvieron los cuerpos en mantas, sábanas; al final de la lucha tuvieron que limitarse con frecuencia a cubrir el rostro con un pedazo de tela. En la tumba el capellán metía una botella cerrada con los documentos del fallecido, y si no los tenía una tarjeta con los datos aportados por sus compañeros.
          En la zona centro una copia de estos documentos con información sobre el lugar del enterramiento, se enviaba a la Jefatura de la Pastoral. Llegaban allí también los objetos de los caídos recogidos por los capellanes. En los barrios que no tenían conexión con la Jefatura de la Pastoral, todos los datos los guardaban los capellanes; la gran mayoría de la documentación desapareció durante la lucha y tras el Levantamiento.
          Se esforzaron en que los entierros de los soldados tuvieran asistencia militar. En los primeros días del Levantamiento en la ceremonia del entierro participaban por regla general el jefe al mando de la división en que el caído servía y sus compañeros de armas. Después, por razones de seguridad, las ceremonias se acortaron al mínimo posible y la necesidad de ahorrar municiones obligó a que muy pocas veces se efectuaran las salvas de honor. Ocurría que el entierro llamara la atención del enemigo, especialmente de la aviación, que comenzaba a disparar a los congregados en la ceremonia.


Entierro de un sublevado caído en el patio del edificio de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Técnica de Varsovia en la calle Lwowska

          Por lo general uno de los asistentes al entierro del soldado pronunciaba unas palabras, el capellán rezaba brevemente y se procedía al entierro. En la tumba se ponía una cruz y en ella escritos los datos del caído; a veces en la cruz se colgaba su casco. Con el paso del tiempo cada vez con más frecuencia se hicieron tumbas colectivas para los caídos de una misma división. Los entierros de civiles tuvieron lugar sin asistencia militar, pero en los casos en que no se hallaba en el lugar otro sacerdote, la ceremonia la oficiaba el capellán militar.
          Debido a que el número de los caídos civiles aumentó bruscamente a consecuencia de los bombardeos y disparos, empezaron a enterrarlos en tumbas colectivas. Cada vez con más frecuencia las ruinas de las casas destruidas se convirtieron en tumbas colectivas al no poder rescatar los cuerpos enterrados entre los escombros; se ponía entonces una cruz con la información de las personas allí enterradas y el capellán rezaba por los caídos.
          En la época final del Levantamiento el número de caídos fue tan grande que no daban a basto a enterrarlos. Más de una vez los cuerpos yacían tras varios días de calor hasta que los enterraban. Con frecuencia el problema era la falta de herramientas adecuadas ya que cuando el suelo era de piedra o de tierra dura faltaban picos para excavarla. Por regla general no se enterraba en una misma tumba a militares y a civiles. En tumba colectiva se convertían los escombros de las casas derruídas en las que yacían sus habitantes y soldados. Del mismo modo en los hospitales, cuando faltaban tempo y posibilidades para organizar entierros individuales asicomo ante el aumento del número de muertos, se enterraron en una tumba común militares y civiles.
          En tumbas colectivas, sin ceremonia de entierro ni asistencia del capellán, se enterraron los cuerpos de miles de habitantes de Varsovia asesinados por el invasor en los barrios conquistados, especialmente en Wola y Ochota.

          Mientras duró el Levantamiento también tuvieron lugar ceremonias más alegres. Muchos novios entre los sublevados se decidieron a contraer matrimonio. Las bodas se celebraban principalmente entre los jóvenes sublevados: boyscouts de equipos amigos, estuddiantes que trabajaban juntos en el hospital, corresponsales de prensa, soldados y sanitarias o correos del servicio de conspiración. Lo más frecuente era que las parejas se formaran entre miembros de una misma división.
          La Comandancia del Distrito el 18 de agosto de 1944 emitió la Orden especial 19 4/IV “reguladora de las cuestiones de los matrimonios".
          "Debido a la celbración de matrimonios contraídos por personas pertenecientes al Ejército Polaco AK ordeno:
          1. En relación a los enlaces matrimoniales contraídos hasta el momento se debe enviar a la Jefatura de Pastoral KO los datos concretos sobre los apellids, dirección civil y el apellido del sacerdote que ofició la ceremonia especificando los poderes de la iglesia por los cuales estaba autorizado para la celebración de dicho enlace.
          2. En lo sucesivo antes de la celebración de los enlaces matrimoniales, los padres capellanes tendrán la obligación de solicitar el correspondiente permiso de la Jefatura de pastoral. En caso de que sea imposible contactarse con la Jefatura, el capellán deberá dirigirse a la parroquia romano-católica más próxima ".

          La intención de contraer matrimonio había que comunicársela al mando de la división para que este a su vez lo comunicara al capellán. En caso de menores de edad se exigía también el acuerdo del decano o de los padres. Debido a las circunstancias de la lucha y a las dificultades de comunicación, el contacto con la familia no siempre fue posible.
          A pesar de esta Ordenanza la situación bélica provocó que los padres capellanes tuvieran que continuar decidiendo ellos mismos sobre la celebración de los matrimonios. Durante el periodo del Levantamiendo se celebraron alrededor de unas cincuenta bodas, sin que se haya conservado ninguna evidencia escrita de ello. El propio padre decano "Biblia" casó a varias parejas, entre ellas al posteriormente famoso "Correo de Varsovia " – Jan Nowak (Zdzisław Jeziorański). Los matrimonios tenían un gran significado religioso, social, familiar y jurídico, especialmente en caso de muerte del sublevado dejando tras su falleciemiento una viuda. Las bodas se celebraban en iglesias y capillas, e incluso en hospitales, sótanos y pisos de la Ciudad Vieja, Mokotów, Żoliborz, Powiśle, lo más frecuente es que tuvieran lugar a ambos lados del Centro.


Boda de sublevados en el batallón "Kiliński" de la calle Moniuszki 11

          En la Ciudad Vieja en el hospital tuvo lugar el enlace del vice-comandante del batallón "Parasol" teniente coronel Jerzy Zborowski "Jeremi" con la agente de conexión Janina Trojanowska "Nina" que estaba herida; en la iglesia castrense de la calle Długa – boda de Lidia Kowalska "Akne" y Krystyan Strzelecki "Zawała", que llevaban el batallón sanitario "Parasol".
          Un gran problema era el de conseguir anillos. Con frecuencia los tomaban prestados de sus padres o los cambiaban por las latas de conserva de los paquetes que se lanzaban sobre Varsovia. Así consiguieron sus anillos de cobre el coronel Zdzisław Jeziorański "Jan Nowak" y su novia - Jadwiga Wolska "Greta".
          Los novios se casaban vestidos con la misma ropa con la que luchaban. Los hombres conseguían a veces una camisa blanca. Los ramos con frecuencia estaban hechos con las petunias que crecían en los balcones de la ciudad. A la ceremonia asistían los amigos y conocidos o los grupos de boyscouts. Más de una vez hubo que cambiar los testigos en el último momento debido que los que habían sido designados fueran convocados de repente para ir a la lucha justo antes de la ceremonia. Información sobre los enlaces se hallaba en la prensa de los sublevados.

          Durante el Levantamiento el servico de pastoral lo llevaron a cabo más de 100 capellanes. Aparte de ellos también colaboraron sacerdotes civiles y religiosas. Ya antes, tanto a las actividades de conspiración como a la lucha del Levantamiento, se les unió la iglesia evangelista de Augsburgo.
          Parte de los capellanes pagó con su vida el servicio prestado a la pastoral. Muertos en el campo de batalla, fallecidos, desaparecidos o asesinados fueron unos cuarenta capellanes. Su suerte la corrieron también los sacerdotes civiles, religiosos y religiosas.
          El 2 de agosto en Mokotów en los muros del claustro de los padres Jesuitas de la calle Rakowiecka miembros de las SS dispararon y asesinaron con granadas a 35 personas, entre ellos religiosos y varios civiles. Falleció allí entre ellos el padre superior Edward Kosibowicz. Los cuerpos fueron rociados de gasolina y quemados.
          El 5 de agosto en la iglesia de San Wawrzyniec en Wola miembros de las SS dispararon ante el altar al padre Mieczysław Krygier, capellán del Ejército Polaco AK y presidente de "Caritas". El 6 de agosto fue asesinado junto al catedrático Janusz Zeyland y al doctor Marian Piasecki, el padre Kazimierz Ciecierski, capellán del Hospital Militar.
          El 6 de agosto entraron los hitlerianos al monasterio de los padres Redentoristas de la calle Karolkowa. Los 30 padres y hermanos fueron conducidos a la Iglesia de San Adalberto para ser llevados posteriormente al terreno donde se hallaban las máquinas agrarias (Wolska nr 81) donde fueron fusilados.
          Entre las más de 350 víctimas del asesinato del hospital de San Lázaro (filial de Leszna) en el barrio de Wola, había 7 hermanas benedictinas.
          El 8 de Agosto en Moczydl los alemanes fusilaron al padre Roman Ciesiołkiewicz y a dos sacerdotes vicarios: Stanisław Kulesza y Stanisław Mączka.
          El 11 de agosto en la calle Wawelska en Ochota miembros de las SS-RONA fusilaron al catedrático padre Jan Salamucha "Jan", decano de la Zona IV del Ejército Polaco AK Ochota.
          El 12 de agosto los alemanes fusilaron al padre salesiano Głąb.
          El 30 de agosto falleció el prelado padre Walery (Walerian) Płoskiewicz, capellán del hospital situado en el frente de los sublevados de la congregación de las hermanas de Nazaret de la calle Czerniakowska 137. Le disparó un soldado alemán que escoltaba a un grupo de civiles por el hospital en el momento en que el capellán volvió a buscar su breviario.
          Tras sus ocupaciones en el hospital de los sublevados de la calle Tamka en Powiśle, los alemanes le dispararon al capellán de este lugar padre Jan Czartoryski "Padre Michał", dominico. Aunque pudo haberse salvado no quiso dejar solos a los heridos del hospital de campaña a los que cuidaba. Murió con ellos.
          El 23 de septiembre en Czerniaków cayeron en manos de los alemanes treinta soldados del Ejército Polaco AK y WP (del desembarco en la orilla de Praga) y el padre Józef Stanek "Rudy". El jefe al mando de la división fue fusilado y el padre Stanek colgado.
          El padre Jan Czartoryski "Padre Michał" y el padre Józef Stanek "Rudy" fueron en 1999 beatificados por el Papa Juan Pablo II en compañía de otros 108 mártires de la II Guerra Mundial.
          Varios capellanes cayeron como soldados en el campo de batalla en el ejercicio de la función de pastoral. Otros fallecieron entre los escombros de las iglesias bombardeadas, los hospitales de los sublevados y los edificios donde estaban las capillas. El mismo destino lo corrieron decenas de hermanas religiosas. Muchos capellanes fueron heridos, algunos de gravedad.

          El comportamiento de los capellanes sublevados y todo el trabajo de pastoral fue altamente valorado por el Mando General del Levantamiento de Varsovia. Cinco capellanes ascendieron al puesto de párroco, 14 fueron nombrados capellanes veteranos durante la guerra. Los padres jesuitas mayor Józef Warszawski "Padre Paweł" – capellán del gurpo del Ejército Polaco AK "Radosław" y el padre Tomasz Rostworowski "Padre Tomasz" - capellán del batallón "Gustaw" en la Ciudad Vieja, fueron condecorados con la orden a la Virtud Militar.


El padre Józef Warszawski "Padre Paweł", capellán del grupo "Radosław"

          29 capellanes recibieron la Cruz al Valor, una Cruz de Oro al Mérito, catorce de plata. Muchas de las condecoraciones otorgadas a los capellanes de guerra las recibieron estos después de la guerra.

          Los capellanes cumplieron su servicio hasta el final del Levantamiento. en medio del caos de las lucha en la ciudad recordaron que por encima de todo la humanidad es lo más importante. En la medida de lo posible los sacerdotres intentaron organizar la vida religiosa para la pobalción civil de Varsovia. Los sacerdotes de la parroquia de San Adalberto en el barrio de Wola, donde en agosto los alemanes agruparon en un lugar a todos los habitantes de dicho barrio, días enteros se dedicaron a confesar y dar la comunión a los fieles.
          Tras la redición del Levantamiento en el campo de tránsito Dulag 121 de Pruszkow el servicio religioso lo llevaron a cabo los padres palotinos. Los huidos que se hallaron fuera del campo de Pruszkow, recibieron asistencia religiosa de los sacerdotes de las parroquias en las que hallaron refugio temporal. Hay registro de ello en dichas parroquias. Los servicios espirituales de laicos y religiosos llegaron al campo de Pruszkow junto con los habitantes supervivientes de los barrios de Ochota, Wola y de la Ciudad Vieja expulados de la capital por el invasor.
          En el campo se organizó un servicio de pastoral a partir del 18 de agosto cuando el campo lo visitó el opispo Antoni Władysław Szlagowski que dirigía desde septiembre de 1942 la archidiócesis de Varsovia. El obispo consiguió de los alemanes la liberación de las hermanas religiosas, los sacerdotes y los ancianos y enfermos. Como capellán del campo se nombró al padre palotino Wiktor Bartkowiak. En el trabajo le ayudaron los padres palotinos Jan Maćkowski y Marian Sikora. Aparte de los servicios religiosos los monjes ayudaron a la gente materialmente, se esforzaron en reunir a las familias, consiguieron alimentos y medicinas. Los religiosos se quedaron en Pruszkow hasta la liquidación del campo en diciembre de 1944.
          Tras la rendición del Levantamiento la pastoral dejó la Ciudad junto al ejército y a los habitantes de la capital. Entre los sublevados fueron hechos prisioneros el teniente coronel padre Stefan Kowalczyk "Biblia" y cinco capellanes que en los campos de prisioneros continuaron su labor de pastoral. A los restantes capellanes se les dió un certificado de cese en el servicio. Algunos capellanes consiguieron escapar de la ciudad cercada y llegar a lugar seguro. El mayor padre Wacław Karłowicz "Andrzej Bobola" – capellán del batallón "Gustaw", "Antoni", y posteriormente del hospital de los sublevados de la calle Długaj 7 – tras la evacuación por los canales de la Ciudad Vieja hasta el barrio de Żoliborz fue capellán de las divisiones del bosque de Kampinos.
          El obispo Gawlina nombró nuevo capellán general de las Fuerzas Armadas del país al padre Sienkiewicz que se hallaba en Pruszkow y permaneció en el cargo hasta octubre de 1944. El padre Stefan Kowalczyk tras finalizar la guerra en 1945 volvió al país. Murió en 1957.

          Tres meses tras la rendición del Levantamiento, el invasor sistematicamente destruyó los edificios que se habían salvado en los barrios de Varsovia. De este modo se realizó la terrible orden de Hitler de borrar Varsovia de la faz de la tierra. En ruinas quedó más del 70% de las construcciones en la mayoría de los barrios de la ciudad.
          Las capillas y los altares de las casas fueron uno de los objetivos más odiados por los hitlerianos al recorrer los sucesivos barrios. Corrieron la misma suerte que los edificios quemados y derribados. La reconstrucción de la ciudad en una nueva realidad política de acuerdo con las nuevas tendencias urbanísticas tendía a destruir por completo los edificios antiguos. Muchas de las capillas que se salvaron de la guerra fueron después destruidas. Hasta la fecha se han conservado muy pocas constituyendo un testimonio único de aquellos tiempos.

          A principios de 1945 a la ciudad muerta comenzaron a volver sus habitantes. Tras el fin de la II Guerra Mundial también regresaron los prisioneros liberados de los campos de prisioneros de los sublevados. Inmediatamente se comenzó la acción de traslado de los cuerpos de los caídos de las tumbas provisionales distribuidas en diversos lugares de la ciudad a los cementerios. Los sublevados supervivientes exhumaron los cadáveres de sus compañeros de armas y con la colaboración de los capellanes los condujeron al Cementerio Militar de Powązki.
          En determinadas zonas del cementerio se crearon departamentos para los grupos y batallones de los sublevados. En tumbas militares descansaron juntos los sublevados caídos en los barrios de Wola, Ochota, Ciudad Vieja, Żoliborz, Mokotów, Powiśle, Czerniaków, Centro. En el centro de esta zona se colocó un simple obelisco de piedra. En él pusieron la Cruz a la Virtud Militar y el letrero "Gloria Victis" - "Gloria a los vencedores". Con el tiempo y los esfuerzos de los veteranos de guerra y de sus familias, las cruces de madera fueron sustituidas por otras de piedra. Las tumbas de cada división adquirieron una forma homogénea, con frecuencia complementada con placas y recuerdos conmemorativos de los distintos grupos y batallones. Solamente en la zona de los soldados rasos quedaron las cruces marrones, al igual que las que se colocaron en las tumbas de los guerrilleros.
          Hay otro cementerio donde descansan los restos de las víctimas del Levantamiento de Varosovia de 1944: es el cementerio del Levantamiento de Varsovia en el barrio de Wola en la calle Wolska 174/176. El cementerio es del año 1945. Se enterraron en él en sepulcros sin nombre, toneladas de cenizas de los habitantes del barrio de Wola asesinados y quemados en los primeros días del Levantamiento. Hay también tumbas de sublevados. Como consecuencia de las intenciones deliberadas de los poderes públicos de entonces, no están organizados tal y como lo están en el Cementerio Militar. Sobre las tumbas puede leerse: "Cayeron invencibles ".
          Las tumbas de los sublevados de ambos cementerios son testimonio histórico de aquellos tiempos. El 1 de agosto en ambos tienen lugar manifestaciones patrióticas en las que toman parte masivamente las siguientes generaciones de habitantes de Varsovia junto a los cada vez menos supervivientes del Levantamiento de Varsovia de 1944. En estas celebraciones siempre participan representantes de la religión.
          Esta tradición de siglos de la actitud de los religiosos polacos, ha ayudado a consolidar a la sociedad polaca en el sentimiento patriótico y en el valor de la dignidad humana. Durante la invasión en los primeros y más difíciles momentos, la actividad de pastoral protegió a la nación de la pérdida de los valores nacionales y del sentido de la propia dignidad. Consecuencia de su determinación y resistencia es la actual independencia y plena soberanía de Polonia.



Redacción y selección de textos :Maciej Janaszek-Seydlitz

Traducción: Susana Alegre Raso

En la redacción se han utilizado materiales de la "Gran Enciclopedia del Levantamiento de Varosovia"
Así como el libro
"El Levantamiento de Varsovia de 1944 – al servicio de la lucha"
de Romuald Średniawa-Szypiowski



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