Los soldados más jóvenes del Levantamiento.

Introducción

          En el momento del estallido del Levantamiento de Varsovia de 1944 se presentaron alrededor de 50 000 soldados de diferentes agrupaciones localizadas, prácticamente, en todos los barrios de Varsovia. La mayoría eran de los destacamentos del Ejército del Interior (Armia Krajowa, AK), pero también de otras organizaciones tales como: las Fuerzas Nacionales Armadas (Narodowe Siły Zbrojne, NSZ), el Ejército Popular (Armia Ludowa, AL), el Ejército Popular Polaco (Polska Armia Ludowa, PAL) y el Cuerpo de Seguridad (Korpus Bezpieczeństwa, KB).

          La fecha del estallido del Levantamiento estaba fijada inicialmente para el 27 julio de 1944. Estaba precedida por el estado de vigilancia en los puestos de concentración. La fecha fue anulada y los soldados se marcharon a sus casas. El siguiente plazo fue fijado para el 1 de agosto a las 17.00. Las órdenes transmitidas por los enlaces fueron entregadas a las diferentes unidades en el último momento, lo que provocó que una parte significativa de los soldados no llegara a tiempo a los lugares previstos. El estallido del Levantamiento les sorprendió lejos de los puestos de concentración y les separó de los depósitos de armas. .

          Debido a que la capital fue dividida en varias zonas de combate, en muchos casos era imposible llegar a sus destacamentos. En esta situación los insurrectos se unían a las tropas más próximas donde se alistaban y emprendían la lucha.

          

          Los niños lucharon al lado de los adultos. Los muchachos de entre 11 y 18 años se presentaban a los jefes de destacamento del Levantamiento pidiendo que se les permitiera luchar contra el odiado invasor. Algunos ya habían sido adiestrados en las Filas Grises (Szare Szeregi) o en las escuelas clandestinas para los aspirantes, pero la mayoría ganaba experiencia en los combates callejeros.

          

          Los jefes de diferentes destacamentos cedían a la presión de los voluntarios, les tomaban juramento como soldado del Ejército del Interior y les incorporaban a las tropas del Levantamiento. Los adolescentes estaban al servicio como enlaces, guías dentro de canales, servían como servicio de línea en las barricadas o destruían tanques alemanes con la ayuda de botellas llenas de petróleo.

          

          Eran famosos por su coraje y determinación que muchas veces superaba la actitud de los soldados adultos. Una gran parte de ellos, al reconocer sus méritos militares, fueron promovidos para los grados militares superiores tales como: jefe-tirador, cabo, jefe de pelotón, sargento e incluso teniente. Algunas decenas de ellos fueron condecorados con la Cruz Virtuti Militari, Cruz de Guerra y Cruz al Mérito con Espadas. Muchos fueron heridos o sucumbieron en el campo de honor.

          

          Hacia el final del Levantamiento se les dio a los destacamentos del Distrito de Varsovia del Ejército del Interior la estructura de las fuerzas armadas regulares. Gracias a esta actuación y bajo la presión de los gobiernos de Gran Bretaña y Estados Unidos, Alemania tuvo que reconocer los derechos de los combatientes del Levantamiento, hasta ahora llamados por los nazis bandidos. Desgraciadamente en muchos casos no cambió mucho la actitud de los alemanes. En los barrios de Czerniaków y Mokotów los insurgentes tomados como prisioneros continuaban siendo asesinados y se incendiaban los hospitales de la insurrección.

          Los destacamentos insurgentes formaron el Cuerpo del Ejército del Interior de Varsovia compuesto por: la Octava División de Infantería AK, que llevaba el nombre de Romuald Traugutt, la Décima División de Infantería AK de Stefan Okrzeja y la Vigésimoctava División de Infantería de Maciej Rataj.

          La Octava División, formada por los regimientos de infantería 13, 21 y 32, agrupaba los destacamentos del Bosque de Kampinos (Puszcza Kampinoska) y de Żoliborz. La décima división, formada por los regimientos de infantería 28, 29 y 30, agrupaba los destacamentos de Mokotów, Sadyba, Czerniaków y del Bosque de Chojnów (Lasy Chojnowskie). La Vigésimoctava División, formada por los regimientos de infantería 15, 36 y 72, agrupaba los destacamentos de Śródmieście.

          

          Después de la capitulación del Levantamiento, el 2 de octubre de 1944, firmada en Ożarów, en el cuartel del general alemán Erich von dem Bach, los soldados-insurrectos se prepararon para su partida hacia el cautiverio. A los soldados de AL y de KB se les dio las cartillas militares del Ejército del Interior. De este modo se les protegía contra el exterminio por parte del ocupante. Los destacamentos se reunían en los puestos donde se formaban columnas de marcha. Los soldados marchaban en formación cerrada llevando consigo armas que después depositaban en lugares determinados para este fin. Conforme a los arreglos precedentes las armas depositadas estaban inutilizadas para que el enemigo no pudiera usarlas otra vez.

          En total, entre el 4 y el 5 de octubre de 1944, 15000 insurgentes partieron a la cautividad alemana. Estas tropas salieron de la clandestinidad y, por consiguiente, al lado de los seudónimos figuraban los nombres verdaderos de los soldados. Una parte de los insurrectos salió de la ciudad con la población civil. Eran, entre otros, los casos de los soldados de Kedyw (sabotaje) que recibieron la orden de continuar su actividad clandestina.



Cautividad

          Entre los más de diez mil insurrectos que salían hacia la cautividad, había 2.500 mujeres y 1.100 muchachos de entre 11 y 18 años. Eran los más jóvenes cautivos en la historia de las guerras; que formaban un grupo único e incomparable con ningún otro. Como ya hemos señalado, estaban entre ellos los caballeros de la Cruz Virtuti Militari, de la Cruz de Guerra y de la Cruz al Mérito con Espadas. Conforme a la Convención de Ginebra, de 27 de julio de 1929, debían ser tratados como prisioneros de guerra.

          Los convoyes de prisioneros que se dirigían hacia los campos salían de Ożarów y Pruszków. Los transportes de los insurrectos hacia los campos se realizaban en vagones de mercancías cerrados y alambrados. En cada vagón viajaban apiñadas entre 50 y 60 personas bajo la fuerte escolta alemana. A causa de la estrechez, los prisioneros no podían sentarse; durante las cortas paradas los vagones permanecían cerrados, por eso los prisioneros hacían sus necesidades dentro de los vagones. Para aterrorizar a los prisioneros, para eliminar todas las tentativas de fuga y para apagar los gritos de las personas que se asfixiaban en los vagones llenos de sobras, los alemanes disparaban al bulto, con sus ametralladoras, a lo largo de los vagones. Al lado de los sanos, en los vagones se encontraban los heridos y enfermos. Tras Częstochowa, uno de los vagones fue volcado y, como consecuencia, murió uno de los prisioneros, otras dos personas fueron heridas. El cuerpo del muerto quedó en el vagón y los heridos no recibieron ninguna ayuda antes de llegar al campo.

          Los insurrectos fueron detenidos principalmente en cinco campos de prisioneros de guerra:

       Stalag 344 O/S Lamsdorf (actualmente Łambinowice)
       Stalag XI A Altengrabow cerca de Magdeburgo
       Stalag XI B Fallingbostel cerca de Hanóver
       Stalag X B Sandbosten cerca de Hanóver
       Stala IV B Mühlberg-Elbe en Sajonia


          

          El grupo más grande fue enviado hacia el campo de Lamsdorf. Entre los, alrededor de, 5.800 hombres había unos 600 insurrectos adolescentes. En el campo se encontraban también alrededor de 1.000 de las mujeres insurgentes del Levantamiento. Durante la descarga, los soldados de la Wehrmacht se comportaban de manera brutal con los insurrectos: les empujaban sobre el terraplén, les asestaban golpes con culatas y bayonetas, les arrancaban los brazaletes de color blanco y rojo, les quitaban las águilas de las gorras y privaban a los heridos de sus bastones. Los soldados alemanes llamaban a los prisioneros, que bajaban de los vagones, los bandidos polacos de Varsovia – “polnische Banditen aus Warschau”.

          Los insurrectos eran alineados en columnas de marcha y encaminados al campo situado a 6 kilómetros. Los guardias azuzaban a sus perros contra los prisioneros y la población del lugar les tiraba piedras y barro al mismo tiempo que los insultaban. Algunos prisioneros tiraban sobre la tierra sus sacos, maletas, mantas y abrigos para mantener el ritmo de marcha y para guardar las fuerzas necesarias para salvar a los niños, débiles y heridos. Una de las columnas de prisioneros fue llevada por los alemanes dos veces alrededor de la alambrada de espino antes de ser introducida al campo. Durante esta marcha, los escoltas robaron a los prisioneros la ropa y los objetos que tenían algún valor. Los prisioneros fueron dirigidos a la plaza de llamada donde, agotados, caían al suelo. No recibieron ni agua ni comida. En cambio, las autoridades de la Stalag exigieron que los brazaletes de la Insurrección con los colores nacionales fueran quitados.

          
edificio de la comandancia (estado actual)                                     edificio del cuerpo de guardia (estado actual)

          En el campo había muchos prisioneros de otras naciones, la mayoría eran soviéticos. Los niños-prisioneros despertaban el mayor interés. Después de la orden de quitarse los brazaletes, el coronel Franciszek Rataj “Paweł”, jefe del Undécimo Regimiento de AK y al mismo tiempo oficial primero del campo Lamsdorf, protestó pero la comandancia alemana declaró que no había recibido de sus autoridades ninguna orden y que los prisioneros no eran más que criminales. Entonces los insurrectos se quitaron sus brazaletes en medio de la plaza. El primer transporte, en el que había muchos adolescentes, debió pasar la noche a cielo abierto, expuesto al frío y a la lluvia, sin posibilidad de moverse, porque los alemanes habían avisado que iban a disparar a los que se movieran. Los insurrectos pasaron la noche sobre la tierra pelada, tosiendo.

          Al día siguiente, durante la llamada, el comandante alemán del campo, teniente coronel Messer declaró que, durante la noche, recibió de Varsovia las condiciones de capitulación, expresó su arrepentimiento por lo ocurrido y aseguró que los insurrectos serían tratados conforme a los acuerdos de la Convención de Ginebra. Se les informó a los prisioneros sobre los reglamentos del campo y se les permitió poner de nuevo los brazaletes de color blanco y rojo.

          Los insurgentes, acampados en la plaza de llamada, entraron en relaciones con sus vecinos, prisioneros soviéticos, separados por el alambre y por la franja de tierra arada y rastrillada de unos kilómetros de longitud. Los prisioneros soviéticos les informaron a los insurrectos polacos que habían destruido todos sus documentos, especialmente las cartillas de distinciones militares. Una parte de los insurgentes hizo lo mismo quemando los documentos en la plaza de llamada.

          Antes de ser llevados a los barracones, los prisioneros de los siguientes transportes, al llegar al campo, eran cacheados en la “plaza de pillaje”, donde se les robaba, bajo el pretexto de poner en “depósito”, el dinero, objetos personales, relojes, botas de reserva, etc. Sin embargo, una gran parte de los objetos fue escondida, incluso un aparato de radio, así que se logró pasar por el control. Había incluso personas que ocultaron un arma de fuego, una ametralladora Schmeiser.

          El 8 de octubre de 1944, se registró a los nuevos prisioneros, al principio se les extendió números de prisionero (señales de identidad) provisionales, de cartón, luego de metal. A todos los prisioneros, soldados del Levantamiento, se les hizo fotografías con los números colgados en el cuello. Desde entonces, los prisioneros dejaron de ser, para los nazis, personas que tenían un nombre y un apellido y se convirtieron en números. En los contactos mutuos, los prisioneros usaban los seudónimos o sus nombres verdaderos.

          Durante el registro, una parte de los prisioneros, muchachos adolescentes, al no conocer su destino, dieron a las autoridades del campo datos personales falsos, disimulando su edad o indicando apellidos y lugar de nacimiento falsos. La causa de esta situación era, entre otras, los rumores que decían que los muchachos menores de 16 años iban a ser enviados a Częstochowa y allí entregados a la tutela del Consejo General de Tutela (Rada Główna Opiekuńcza, RGO), organización de ayuda social para el pueblo polaco del Gobierno General que fue formada en 1940 con la aprobación de las autoridades alemanas. Algunos de los prisioneros adolescentes indicaron nombres falsos por miedo a lo que le ocurriera a sus familias. Existía el riesgo que los familiares pudieran sufrir las represiones. Para evitar la muerte inmediata, los insurrectos adolescentes de origen judío dieron también nombre falsos.


vestigios de las barracas del campo (estado actual)

          Las condiciones de vida en el campo Lamsdorf eran muy difíciles. Los Insurrectos fueron colocados en la sección del campo destinada a los prisioneros soviéticos, en barracones devastados y llenos de piojos. Los barracones no tenían ninguna instalación sanitaria, no había agua, las letrinas se encontraban en las zonas lejanas del campo. El único equipamiento eran literas de madera y estufas de hierro, pero sin el combustible necesario. Los prisioneros no recibieron ni colchones ni mantas, tenían que ingeniárselas para no dormir sobre las tablas desguarnecidas. El comedero tallado en la piedra, lleno de agua glacial sacada del pozo, servía como cuarto de aseo. Muy a menudo, a causa del frío, los prisioneros dormían vestidos.

          La suciedad omnipresente constituía el medio favorable para el desarrollo de los insectos que eran una verdadera plaga. Por las tardes, cuando los insectos salían de sus escondrijos y atacaban a sus víctimas hasta que no se podían dormir, se declaraba el “tiempo del insecticida”. Los prisioneros se quitaban la ropa, se sentaban en el suelo (no había ni taburetes ni bancos), y buscaban a los insectos en las costuras de la ropa. Se empleaban también otros métodos de “caza”. No obstante, todo eso no dio ningún resultado, porque no existía la posibilidad de eliminar la causa de la situación existente. La vida en estas condiciones provocaba el agotamiento del organismo que se exponía a las infecciones y las epidemias.

          El problema de muchos prisioneros adolescentes era la falta de escudillas y cucharas para comer. Eran obligados a comer en latas de conserva que se enmohecían muy rápidamente. La comida era muy mala. Conforme a la Convención de Ginebra, las autoridades militares alemanas estaban obligadas a entregar a los prisioneros las mismas raciones que a su ejército de reserva, no obstante, ellos nutrían a los prisioneros polacos muy por debajo de estos estándares. Los prisioneros vivían al borde del hambre o en estado de hambre crónico. La comida monótona y escasa en calorías, que aseguraba sólo unos 700 Kcal. al día, fue la causa de la pérdida del peso entre los prisioneros adolescentes y de muchas enfermedades entre ellos. Es suficiente mencionar que la ración alimenticia diaria para los hombre jóvenes es de 2.600 Kcal. para los de 12 años y de 3.700 para los de 18 años. Así, la ración diaria no era suficiente para saciar las necesidades básicas del organismo humano. Todos los prisioneros adolescentes del campo Lamsdorf describen la realidad del campo a través del prisma del hambre. El objetivo principal de hacer pasar hambre a los prisioneros adolescentes era exterminarlos. La consecuencia de la subalimentación, de las condiciones de vida trágicas y de la suciedad omnipresente era el desarrollo de enfermedades tales como: la disentería, el tifus abdominal, la anemia, la pulmonía y el escorbuto. A pesar de la proliferación de las enfermedades, las autoridades no pensaban en garantizar a los prisioneros la ayuda y el cuidado médico básico. Para mejorar el estado de salud de los adolescentes, los prisioneros-médicos de AK prepararon en uno de los cuartos del barracón la sala provisional de admisión de enfermos. En el cuarto, calentado con carbón, se encontraban literas equipadas con jergones.

          La consecuencia de la subalimentación, de las condiciones de vida trágicas y de la suciedad omnipresente era el desarrollo de enfermedades tales como: la disentería, el tifus abdominal, la anemia, la pulmonía y el escorbuto. A pesar de la proliferación de las enfermedades, las autoridades no pensaban en garantizar a los prisioneros la ayuda y el cuidado médico básico. Para mejorar el estado de salud de los adolescentes, los prisioneros-médicos de AK prepararon en uno de los cuartos del barracón la sala provisional de admisión de enfermos. En el cuarto, calentado con carbón, se encontraban literas equipadas con jergones.

          Muy difíciles de soportar eran las llamadas de cada día que duraban varias horas. Las autoridades alemanas las organizaban a cielo abierto. Durante estas llamadas controlaban el número de los jóvenes participantes del Levantamiento de Varsovia. Los jóvenes prisioneros, mal vestidos, puestos firmes en el barro hasta los tobillos, con el frío y el viento, se helaban hasta los límites de lo soportable. El número tenía que ser exacto. Muy penosos eran también los cacheos personales y registros de los cuartos de habitación de los prisioneros.

          El régimen que dominaba en el campo era muy riguroso. Desde el anochecer hasta el amanecer estaba prohibido abandonar el barracón. Durante este tiempo los adolescentes no podían salir ni siquiera a la letrina, que estaba construida por unos agujeros hechos en el hormigón. Durante la noche, los fuertes focos, instalados en atalayas, iluminaban el terreno del campo. Acercarse al alambre o abandonar el barracón durante la noche era un peligro mortal.



La llamada insólita

          El 18 de octubre de 1944, tuvo lugar en el Stalag 344 Lamsdorf una llamada insólita y sorprendente, durante la cual las autoridades del campo querían seleccionar a los soldados adolescentes de entre sus amigos adultos. El comandante alemán del campo, el teniente coronel Messner, engañó a los oficiales de función polacos, tutores de los adolescentes, diciéndoles que iba a separar a los niños y a los adolescentes insurrectos para garantizarles mejores condiciones o incluso para enviarles a Częstochowa bajo la protección del RGO. >
          Además, los alemanes pretendían rodar una película que explotaría el motivo de los niños soldados para propagar la idea del Volkssturm (alzamiento nacional) entre los jóvenes alemanes. Era una organización militar territorial del Tercer Reich, creada conforme al decreto de Hitler del 25 de septiembre de 1944 (publicado el 18.10.1944) en el contexto de la movilización para reforzar la Wehrmacht. El Volkssturm estaba constituido por las personas, de entre 16 y 60 años, capaces de llevar un arma, que hasta aquel entonces, gracias a su trabajo en la industria, se encontraban fuera del Ejército. La propaganda de Goebbels subrayaba que el Volkssturm, al lado del Ejército regular, todavía podía ganar la guerra. A través del rodaje de las llamadas de los niños y de los adolescentes de AK en el campo de prisioneros de guerra Lamsdorf, los alemanes querían ejercer una acción psicológica en los jóvenes alemanes para incitarles a integrarse en las filas del Volkssturm.

          De las largas filas de prisioneros que estaban de pie, bajo los mandos de los oficiales, empezaron a salir, uno tras otro, los soldados de AK de 11, 12, 13, 14, 15, 16 y 17 años, los héroes de las luchas del Levantamiento, caballeros de la Cruz Virtuti Militari y de la Cruz de la Guerra. En un momento, cuando el grupo de los muchachos adolescentes aumentaba, los nazis se pusieron furiosos y dejaron de rodar. Entendieron que el material rodado tenía totalmente otro sentido que el que querían. Glorificaba el heroísmo y la valentía de los soldados más jóvenes del Levantamiento de Varsovia. Entendieron que en Polonia todos se comprometían a la lucha contra el ocupante y que ningún otro Ejército del mundo tenía en sus filas a tales muchachos soldados.

          

          En la plaza de llamada del campo Lamsdorf se presentaron 550 soldados, los más jóvenes del mundo. Además, en Lamsdorf se encontraba sólo una parte poco significativa, la mayoría de los adolescentes abandonó las ruinas de la ciudad con sus padres y con la población civil. Una gran parte de los pequeños soldados fue detenida en otros campos de prisioneros. En las filas de los adultos se quedaron unas decenas de muchachos que trataban con desconfianza las palabras de las autoridades del campo y no se presentaron en el momento de la llamada.

          Los nazis no cumplieron su palabra. Después de la llamada, los muchachos fueron privados de la tutela de los adultos y puestos en una zona aislada del campo bajo régimen reforzado, lo que les ponía entre los prisioneros de quinta categoría, contra los que todos los actos crueles podían ser ejecutados con impunidad.



Resistencia

          Las condiciones terribles en las que se encontraban los prisioneros adolescentes naturalmente incitaban a intentar una evasión. La ley internacional reconoce el impulso natural del prisionero hacia la libertad. El prisionero que, al intentar huir, incluso por segunda vez o siguientes, es capturado en el momento de la huída, puede ser sometido solamente a castigo disciplinario. El uso del arma contra el prisionero que huye es posible solamente después de la advertencia y el aviso.

          Algunos muchachos decidieron intentar una evasión. Eran los tiradores – jefes de 17 años: Jan Lewandowski “Aleksander”: (caballero de la Cruz de la Guerra), Janusz Zbigniew Sznytko “Bogdaniec” e Ireneusz Jan Wiśniewski “Irek”. Decidieron huir durante la noche del 1 al 2 de noviembre de 1944. Intercambiaron la ropa con sus colegas para desembarazarse, en la medida de lo posible, de todos los elementos característicos de los uniformes, p.ej. los botones con el emblema del águila. Primero planeaban entrar en el sector del campo ocupado por los prisioneros franceses que estaba menos vigilado, después llegar al polígono cercano a través de la alambrada de espino.

          Después de la llamada no volvieron al barracón. Como habían analizado, la frecuencia del barrido luminoso de los focos de los miradores, saltaron, uno tras otro, al sector francés. Luego atravesaron un foso poco profundo y la alambrada de espino. Después de una corta deliberación, se arrastraron hasta la alambrada que les separaba del polígono. Cuando se encontraban bajo la alambrada se dieron cuenta de que, aparte de los de los miradores, había otros puestos cada 50 metros a lo largo de la alambrada. Los muchachos cortaron el hilo y descorrieron el alambre para salir hacia fuera. En este momento apareció el oficial alemán que hacía la inspección de los puestos, en bicicleta y con el perro. El perro husmeó a los fugitivos y empezó a ladrar. El hitleriano se paró, sacó su arma y, desde una distancia de 3-4 metros, sin aviso, empezó a disparar hacia los muchachos indefensos. Fusiló en el sitio a “Bogdaniec”, a “Aleksander” le dio en la barbilla e “Irek” recibió dos balas que reventaron su hombro y omoplato izquierdo. Al detectar a los fugitivos, el oficial lanzó un cohete. Más de diez soldados y oficiales acudieron al lugar. Empezaron a dar puntapiés y a injuriar a los muchachos tumbados en la tierra. Los perros desgarraban su ropa y a ellos mismos.

          Los prisioneros soviéticos empleados en el lazareto llevaron el cuerpo de “Bogdaniec” y a “Irek”, que estaba herido e inconciente. Los alemanes le consideraban como muerto. Le quitaron su matrícula de metal e hicieron una inscripción conveniente en el registro. En lo que se refiere a “Aleksander”, fue por si mismo al lazareto, donde le curaron la mandíbula herida. Después, los alemanes le interrogaron y golpearon. Luego, fue metido en el calabozo más de dos semanas; no le dejaron salir hasta el momento del traslado a otro campo.

          La suerte de “Irek” Wiśniewski fue mucho más complicada. Considerado muerto y privado de su matrícula, fue curado clandestinamente por sus compañeros y a través de aventuras rocambolescas, bajo nombre falso, logró perdurar hasta la liberación por el ejército estadounidense. La suerte se comportaba maliciosamente con él muchos años después de la guerra. Privado de su matrícula y puesto en el registro de los muertos del campo, no podía beneficiarse del estatus de prisionero de guerra y, como consecuencia, de las indemnizaciones a las que tenía derecho.

          Hubo otras tentativas de evasión, pero desgraciadamente todas terminaron en fracaso. A principios de noviembre de 1944, el tirador de 14 años Tadeusz Górski “Góral” fue fusilado durante la tentativa de recoger de “la alameda de la muerte” (faja del terreno entre dos alambradas de espino) el repollo tirado por un prisionero francés.

          De este modo la “caballeresca” Wehrmacht realizaba los acuerdos de la Convención de Ginebra.

          Después de la guerra, la familia no consiguió encontrar la tumba de Janusz Zbigniew Sznytka “Bogdaniec”, fusilado en el campo Lamsdorf.

          



La continuación de la historia del campo

          En el período entre la segunda mitad de noviembre y la segunda mitad de enero de 1945, los prisioneros juveniles fueron trasladados del campo Lamsdorf a otros campos de prisioneros de guerra. Eran los siguientes campos:

       Oflag VII A Murnau
       Stalag XVIII C Markt Pongau
       Stalag VII A Moosburg
       Stalag VII B Memmingen
       Stalag III A Luckenwalde
       Stalag VII C Sagan
       Stalag IV B Mühlberg
       Stalag IX C Bad Salza
       Stalag XIII D Nürnberg
       Oflag II D/Z Gross Born


          Solamente un prisionero juvenil, Ryszard Chęciński “Myszka”, tirador de 11 años fue soltado por la comandancia alemana. Fue recuperado por su madre y obtuvo el estatus de obrero civil forzado.

          Los muchachos fueron forzados a fabricar los aviones de caza “Messerschmidt”, cañones de asalto, minas antipersona y antitanque y pistolas ametralladoras. Cuando se presentaba una ocasión, los prisioneros hacían actos de sabotaje. Después de muchos años, el estatus del prisionero de guerra, que en estas circunstancias era ficticio, impidió a los esclavos juveniles solicitar las indemnizaciones para los trabajadores esclavos del Tercer Reich. Solamente después de largos años, gracias a la ayuda de la Fundación para la Reconciliación Polaco-Alemana, ha sido posible reparar esta evidente injusticia.



Epílogo

          La suerte de los Insurrectos juveniles de Varsovia después de su liberación en 1945 fue muy variada. Los que fueron liberados por el ejército soviético volvieron inmediatamente a Polonia. Una parte de los que fueron liberados por el ejército estadounidense se encontraron en las Campañas de Guardia organizadas por el Ejército de Estados Unidos en Alemania. Los otros entraron en la Escuela de los Cadetes Júniors en Palestina. Después, en 1947, algunos de ellos volvieron a Polonia, los otros se dispersaron por el mundo entero. Los que volvieron a su país natal fueron por muchos años discriminados, humillados e incluso encarcelados, sin ningún reconocimiento moral por parte de las autoridades.

          A pesar de la circunstancias, una gran parte de ellos terminó los estudios en su país natal o en el extranjero, se hicieron eminentes científicos e ingenieros, ocuparon puestos elevados en la administración del estado y en la diplomacia. Su patriotismo profundo y la extraordinaria fuerza de espíritu mostrados en los tiempos terribles de la cautividad en Alemania merecen el elogio y la memoria duradera de las futuras generaciones. Cada una de las historias personales merece un estudio particular. Entre los insurrectos, fuera de los habitantes de Varsovia y de sus alrededores, se encontraban muchachos de todas las regiones de la Polonia de aquel entonces, desde los territorios del Este hasta Poznań y Katowice.

          Si tomamos como punto de referencia la fecha de llegada al campo Lamsdorf (6.10.1944), podemos constatar que en el grupo de 550 prisioneros juveniles que estaban en la llamada del 18 de octubre de 1944 había:

         2 de 11 años
         6 de 12 años
         9 de 13 años
        48 de 14 años
      115 de 15 años
      175 de 16 años

          Teniendo en cuenta las fuentes disponibles podemos constatar que
          3 de ellos eran los caballeros de la Cruz Virtuti Militaru
          y 18 los caballeros de la Cruz de la Guerra.


          Entre los muchachos detenidos, 206 de ellos, es decir el 37%, fueron ascendidos, en muestra de reconocimiento de su valentía, a los grados superiores durante el Levantamiento de Varsovia, incluso al grado del subteniente.


monumento a los Insurrectos de Varsovia encarcelados en el campo


Lista de los 550 participantes de la llamada del 18.10.1944 en Stalag 344 Lamsdorf.
(según el libro de Damian Tomczyk "Los más jóvenes prisioneros de guerra en la historia de las guerras. Los Insurrectos de Varsovia en Stalag 344 Lamsdorf.", Opole 1993)



Para más información sobre el campo Lamsdorf, consulte la página del MUSEO CENTRAL DE LOS PRISIONEROS DE GUERRA EN ŁAMBINOWICE



redacción: Maciej Janaszek-Seydlitz

traducción: Martyna Jasnorzewska


elaborado sobre la base de los materiales del prof. Damian Tomczyk

y de las relaciones de:

Witold Konecki "Sulimy" Nº de matriculación 103162

 

y Henryk Łagodzki "Hrabia" "Orzeł" Nº de matriculación 103284

 



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